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“Mi apellido es Peláez, pero una vez le quito la z, comienza el show y las tablas. María Peláe es pues, la que sube al escenario y se raja cantando”. Así de simple y contundente se confesaba la cantautora en una entrevista previa a la presentación del que fuera su primer disco, “Hipocondría”, en Sevilla. Tres años han pasado desde entonces. Y un nuevo larga duración, “En casa de herrero”, que incluye ese hit viral que ha sido “La niña”, y con el que María Peláe abraza los ritmos urbanos sin perder su esencia flamenca. Claro que de casta le viene al galgo: esta fan acérrima de Lola Flores -confiesa tener una muñeca de La Faraona en su mesita de noche- comenzó a rasgar la guitarra a los 13 años, y su tatarabuela era cantaora en el mítico Café Chinitas de su Málaga natal. No resulta extraño, pues, que en sus canciones muchos hayan visto el renacer de la copla.

“Mi apellido es Peláez, pero una vez le quito la z, comienza el show y las tablas. María Peláe es pues, la que sube al escenario y se raja cantando”. Así de simple y contundente se confesaba la cantautora en una entrevista previa a la presentación del que fuera su primer disco, “Hipocondría”, en Sevilla. Tres años han pasado desde entonces. Y un nuevo larga duración, “En casa de herrero”, que incluye ese hit viral que ha sido “La niña”, y con el que María Peláe abraza los ritmos urbanos sin perder su esencia flamenca. Claro que de casta le viene al galgo: esta fan acérrima de Lola Flores -confiesa tener una muñeca de La Faraona en su mesita de noche- comenzó a rasgar la guitarra a los 13 años, y su tatarabuela era cantaora en el mítico Café Chinitas de su Málaga natal. No resulta extraño, pues, que en sus canciones muchos hayan visto el renacer de la copla.